13 ene. 2011

El extraño.

Nadie, en varios kilómetros a la redonda, sabría decir su nombre. Todos en la comarca se conocían, por eso aquel extraño llamaba la atención y más aun con aquellos extraños ropajes. Una capa con capucha apenas dejaba ver su rostro y una bolsa de llamativos colores colgaba de uno de sus hombros. Colocó un trozo de tela en el centro del abarrotado mercado  y la cubrió de coloridas piedras mientras vociferaba –piedras de los sueños de colores, ya nunca volverán a ser grises-.

Una semana después de que aquél extraño pasara por el pueblo, nadie labraba sus tierras, nadie recogía la fruta y los niños morían de hambre.

Ana Rosa 6/01/2011


6 ene. 2011

Y fueron felices.


Una semilla en esta tierra desolada, un árbol sin hojas, un estanque sin agua, es todo lo que te puedo ofrecer ¿Por qué aun así te empeñas en estar conmigo?-decía él.

Porque me devolviste las ganas de vivir, porque me llenaste de flores el corazón, porque mi alma esta saciada-le contestó ella.

Carmen suspiró repitiendo las últimas palabras de ella en un susurro, miró a su marido que roncaba a su lado en el sofá. Le dio a rebobinar y regresó a su virtual feliz vida.

Ana Rosa 25/12/2010